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“No voy a comer más”

Sep 25, 2016 | Blog

Escribo este post después de una experiencia personal que me ha sucedido en esta semana de adaptación ya que por primera vez me he enfrentado a algo así como tutora y creo que dado el resultado, tomé la decisión correcta, por eso quiero compartirlo por si ayuda a otros compañeros.

Os cuento primero cómo fueron las dos situaciones, lo que pasó y luego mi reflexión sobre lo sucedido.

CASO 1

El primer día de cole en el momento de desayunar todos sacaron la comida y en general fueron comiendo tranquilamente, había niños más dispersos, otros menos y uno que me dijo:

Alumno: Yo no quiero más

Yo: Vale, pues envuélvelo y guárdalo en la mochila.

Una compañera que me estaba ayudando, (con la mejor de sus intenciones) intervino y dijo que de eso nada que comiera todo, mordió un par de pedazos y le dejé guardarlo ya que al fin y al cabo, era yo la que iba a estar cada día con él. Los siguientes días ya comió todo el desayuno sin más.

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CASO 2

El tercer día, un alumno que necesita saber dónde está el límite y sentir que los tiene pero sobretodo necesita mucho amor, se levanta con el bocata envuelto después de darle dos bocados y mirándome de reojo y en un tono de voz más elevado de lo normal dice:

Alumno: Pues yo no voy a comer más

Yo: Bien, no pasa nada.

Alumno: No como más (extrañado por mi respuesta creo que quiso asegurarse de que lo entendía)

Luego el pobre se moría de hambre en el patio.

Cuarto día, el mismo alumno, que a la media hora de estar en clase tenía hambre, cuando llega la hora del desayuno se empieza a comer el bocadillo de pan de molde y comienza a intentar partirlo a la mitad sin éxito mientras dice:

Alumno: Yo este trozo no me lo voy a comer

Yo: Vale, es muy grande ¿verdad? Espera que te ayudo

Mientras parto el bocata a la mitad me mira anonadado y le digo:

Yo: Pensaba que ibas a jugar a carreras (le gustan mucho)

Alumno: Si

Yo: Ah, ¿y tienes suficiente energía sólo con medio bocata?

Alumno: Si

Yo: ¡Ah vale! Pensaba que lo ibas a acabar para tener más fuerza

A los 2 minutos se levanta y cogiendo la otra mitad de la mochila vuelve a decir en voz alta mirándome de reojo:

Alumno: Me lo voy a comer porque voy a hacer carreras y así voy más rápido

Yo: Ah! Genial!

Último día de la semana. Vuelve a partir el bocata diciendo lo mismo mientras me mira, pero esta vez ya lo deja envuelto en la mesa. Cuando acaba la primera mitad dice que se come otro trozo “Y YA”, le ayudo a cortarlo y cuando se lo acaba al final se come el otro haciéndomelo ver y yo animada pero sin darle mucha importancia:

Yo: ¡Ala! Al final te lo has acabado.

Esta segunda semana, no sólo se acaba el bocata sin retarme ya, sino que comparte y pide a los compañeros (tristemente es un niño que creo que no come lo que debería).

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CONCLUSIÓN CASO 1

Todos hemos vivido situaciones que nos quitan el apetito; un evento importante, un desamor, algún problema familiar…

A los niños por ser niños no les afectan estas situaciones de forma diferente a nosotros, y es normal que después de pasar todo el verano con sus padres, el primer día de cole que después del madrugón le dejan en una clase con una profe que no conoce de nada, no tenga mucho apetito.

Debemos saber respetar ese momento y acompañarlo con comprensión y cariño.

CONCLUSIÓN CASO 2

Los niños saben que su arma más potente para hacer rabiar a un adulto es decir que no va a comer. Es algo a lo que no podemos obligarles físicamente (sin caer en el maltrato claro) y ellos lo saben, por eso muchas veces los niños usan la comida para revelarse o desafiar los límites.

En este caso sentí que el niño quería saber cuánto de quicio podía sacarme cuando me amenazaba con no comer. De ahí supongo su cara descolocada cuando le ofrecía guardarlo en la mochila o le ayudaba a partir la parte que no se iba a comer.

En ambos casos podría haber adoptado una posición autoritaria y decirles que se lo tenían que comer sí o sí con los consecuentes llantos y la pérdida del rato del patio (único momento de libertad) sentados como más de uno habréis visto estos días sobre todo en infantil.

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No me creo experta en el tema para nada, pero sí me ayudó a tomar esta decisión el curso de educación viva cuando Astrid, la formadora, nos dijo que ningún niño sano había muerto de inanición voluntaria.

Parece una tontería, pero lo dijo para que nos diéramos cuenta que un niño sano, (sin ningún trastorno alimentario o de otro tipo) puede no comer un día, o dos, pero que cuando realmente tenga hambre o se canse de retarnos, comerá, y ser capaces de mantener esa situación con calma, le hará ver que no puede buscarnos por esa vía.

¿Vosotros os habéis encontrado alguna vez en esta situación?

Carlota-Firma-Completa

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2 Comentarios

  1. Pilar

    Ojalá hubiera tenido esta profesora para mis hijos..Buen trabajo para empezar el curso,mi hijo se pasó todo el curso vomitando por una profesora sin sensibilidad ninguna.

    • 2profesenapuros

      Jolines.. Qué pena escuchar esto… ¡Un abrazo grande!