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Los retos de la educación allí donde termina el asfalto

Dic 21, 2015 | Reflexiones

¡Hola de nuevo! Esta semana os traemos un post extra en sintonía con el lema que venimos utilizando estas semanas en redes sociales: “Esta Navidad, además de regalar, puedes ayudar”.  No queríamos desaprovechar la oportunidad de hablaros de los educadores de Alboan y Fe y Alegría y cómo podemos colaborar con su proyecto. Pero ¡qué mejor que ellos mismos para contárnoslo! Esperamos que os guste y podáis colaborar por el acceso a la educación . ¡Que tengáis unas felices fiestas!

 

Hay que mirar lo que queda debajo de los pies. Ese trocito de superficie terrestre que ocupan unas zapatillas del número 42. Si ahí, al otro lado de estas líneas, hay un lector frente a un ordenador y es poco arriesgado apostar que la planta de sus zapatos estarán posadas en baldosa, tarima o, como mínimo, hormigón. Se hace difícil imaginar a alguien leyendo esto sobre un suelo de tierra. Y esa relación aparentemente invariable entre la superficie que se pisa y la lectura es la que se ha empeñado en romper, desde su inicio, Fe y Alegria, una ONG que trabaja sobre el terreno en África, América Latina y Asia con la colaboración en la distancia de organizaciones como ALBOAN.

 

Fe y Alegria. 1

 

Poético y social, como no podía ser de otro modo viniendo de un jesuita misionero, el Padre José María Vélaz, fundador de este movimiento, acuñó esta frase mirando al suelo: “Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto, donde no gotea el agua potable, donde la ciudad pierde su nombre”. Trabajar en ese escenario se percibe, aún desde nuestro lejano asfalto, complicado.

La realidad lo reafirma. Fe y Alegría se define como Movimiento de educación popular integral y promoción social. Como muestra, un ejemplo: de las 59 escuelas incorporadas en Madagascar desde que empezó a trabajar allí en 2013, sólo 7 son urbanas. La prioridad ha sido incorporar a la red las escuelas de las zonas más apartadas, en comunidades a las que sólo se puede llegar a pie.

 

El aula de adobe

Hacer tal cosa en Madagascar supone mancharse de la tierra roja que caracteriza la isla, como explica Joaquín Ciervide, que ha participado sobre el terreno en esta iniciativa. “La región está sembrada de pueblecitos pequeños de casas de adobe con techos de paja, unidos por pistas en pésimo estado de conservación que no conocen el asfalto. Una de esas casas de adobe sirve de escuela los días de labor y de capilla los domingos: ni televisión, ni teléfono, ni internet, ni electricidad, ni grifo, ni agua, tan solo 4 paredes de abobe bajo una techado de paja”.

 

Fe y Alegria.2

 

Estas carencias materiales son la cúspide visible del problema fundamental: la carencia de estructura educativa. Muchos de estos centros son atendidos por la comunidad, por los propios padres y madres de los alumnos, ante la falta de retribución para el profesorado. “En los pueblos se consiguen ingresos durante los dos o tres meses que siguen a la cosecha, pero luego ya no hay dinero y los maestros y maestras se encuentran ante el dilema de trabajar sin cobrar… o de buscar alternativas para sobrevivir”, explica Ciervide.

Integrar a la comunidad en la educación

Estos ejemplos de Madagascar no pillan por sorpresa a Fe y Alegría, que en África desempeña su labor educativa desde 2008 en Chad y posteriormente en R.D. Congo y que acaba de cumplir 60 años en América Latina trabajando en esta misma línea de asegurar una educación de calidad para la población más pobre y marginalizada. En América cuenta con presencia en una veintena de países, hasta sumar un total de casi 1.300 escuelas y 2.000 centros de educación no formal, a los que dotan de estructura y medios para autofinanciarse, al tiempo que mejoran la formación del profesorado.

 

El trabajo y el esfuerzo por una buena educación de los sectores empobrecidos y excluidos rinden sus frutos y, en muchos casos, las familias valoran más la educación recibida en un centro apoyado por Fe y Alegría que en las alternativas estatales.

 

Fe y Alegría 3

 

Con toda esa experiencia acumulada saben cuál es la única hoja de ruta: “No se puede entender la educación en sin tener en cuenta la comunidad en su conjunto: niños y niñas, mayores, personas ancianas, las personas que no han sido asimiladas por la cultura dominante, quienes tienen necesidades especiales, etc.”

 

Pero la comunidad también tiene sus propios problemas: estamos hablando de escenarios de conflictos bélicos, migraciones, situaciones de abuso y de falta de respeto a la niñez, maltratos familiares, especialmente a las mujeres, y la marginación a la gente de escasos recursos o pertenecientes a minorías.  Por ejemplo, una de las costumbres contra las que se enfrenta Fe y Alegría es la de apartar a las niñas de las escuelas, haciendo todo lo posible para que puedan asistir y formarse.

La suma de los tres condicionantes, los materiales, los estructurales y los sociales, dibujan un panorama complejo, lejos de lo que los de asfalto, el que esto escribe y muy probablemente el que esto lee, vislumbra cuando piensa en un aula. En este enlace puedes conocer más del trabajo educativo de Fe y Alegría y ALBOAN y aportar tu granito de arena por una mejor educación en África.

 

Fe y Alegria.4

Contenido patrocinado. Este contenido es posible gracias a ALBOAN.

 

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Escribir esto nos hace más ilusión que pensar que el curso que viene todo será normal.
Verdad verdadera. Llevamos tanto tiempo trabajando en ello que cuando por fin, vemos que es una realidad, no podemos más que emocionarnos y compartirlo con vosotras que lleváis tanto tiempo acompañándonos en nuestras aventuras e idas de cabeza.

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